¿Todas las mujeres están locas?
Todo empezó hace siete años. Estaba yo en mi país querido, al otro lado del charco, intentado descifrar qué coño me pasaba con las mujeres. Venía de un par de decepciones, mejor dicho, tenía el corazón hecho pedazos. Habían pasado algunos veranos y la que fue mi primera novia, cuando yo tenía 18 añitos, no me había olvidado. Dicho en otras palabras, mi ex me estaba atormentando y no me dejaba ni respirar.
La conocí por unas amigas y fue como una revelación: a esta chica le gustan las mujeres. Fue lo primero que pensé al verla llegar con sus jeans a la cadera y una gorra negra que le cubría la mirada pícara sobre sus ojos negros. Al principio todo fue lindo, dulce, tierno. Ya saben, era la primera vez que yo estaba con una chica, la primera vez que besaba unos labios del sexo femenino (exceptuando los juegos de muñecas con una prima a los cinco años), la primera vez que sentía mariposas revoloteando por mi estómago de adolescente torpe cuando sujetaba su mano.
Hasta que conocí a su ex -y vi la vida con dolor- y derepente comprendí que yo sólo era un pretexto con en el que ella se entretenía cuando su novia oficial –la firme- se iba de petardeo con hombres. Poco a poco descubrí sus cambios repentinos de humor, sus crisis porque la firme la había plantado, su obsesión por controlarme y sus estúpidos celos conmigo. Encima la tía tenía mucha jeta porque yo no era más que la trampa, la imbécil que aguantaba sus depresiones y que la consolaba, ¿y para qué?, si después ella se iba con su novia y yo me quedaba en casa deshojando margaritas.
No hay nada peor que una mujer celosa, despechada y que se quiere comer una parte del pastel, guardar otra parte en la nevera para tenerlo siempre disponible. Vamos, lo que todas conocemos como el famoso perro del hortelano, sólo que esta era una perra latina con una ostra más grande que el camp nou. Yo debía estar siempre available for her, pero ella en cambio, pocas veces lo estaba para mí.
Era un sin vivir. Cuando descubrí que yo sólo era su pañuelo de mocos decidí armarme de valor de dejar esa relación que sólo me comportaba dolor y soledad. Ella reaccionó iracunda, traicionada (¿?) e intentó en vano que me retractara con toda clase de improperios y amenazas: voy a decirle a tus papás que te gustan las mujeres, voy a ir a la universidad donde estudias y todos se van a enterar que tú estabas conmigo, seguido de los clásicos: si tú me dejas me voy a matar, te vas a arrepentir de todo lo que me estás haciendo.
No voy a negar que estaba acojonada. No dormía, no salía de casa ni a la esquina a comprar una coca cola, dejé de ir a clases por miedo a encontrármela en la puerta de mi facultad, perdí por completo el apetito y hasta bajé cuatro kilos (creo que ese fue el único punto positivo que he rescatado con el paso de los años). Estaba tan asustada, no por el tono de sus amenazas, sino por miedo a que llegara a cumplirlas. Y lo hizo. Un sábado noche estaba en una disco y ella al verme con un amigo hablando se me acercó y dijo fuerte y claro: ¿ahora sales con hombres? Quise matarla pero solo opté por irme con el hígado en la mano y botando espuma por la boca.
Una tarde fue a casa y mi papá le abrió la puerta, cuando nos quedamos solas le dije que me estaba arruinando la vida. Recuerden que yo aun no había salido del closet y que era una mocosa inexperta. Ella intentó darme una ostia, me armé de valor y me defendí. Se fue sin darme más explicaciones.
Recuerdo esas escenas oscuras de mi pasado y me asaltan las dudas de si las mujeres están locas. Muchos años después, las malas experiencias confirman mis pensamientos juveniles. No todas las mujeres están locas (yo soy una mujer y no estoy loca, de momento) pero la gran mayoría de lesbianas presentan ciertos desequilibrios emocionales.
¿Alguna de ustedes sabe porqué?
Postdata: canción para recordar a una ex más pesada que una mosca cojonera con un rockero de los ochenta.
2 comentarios
Uepa Jei -
Porque tienen pechos redondos con montañitas que levantan la tela de sus blusas cuando tienen frío, porque tienen caras de rasgos dulces como las de los niños, porque tienen labios rellenitos y dientes decentes. Porque no huelen a transpiración ni a tabaco barato. Porque les sonríen a todos los niños pequeños que pasan a su lado. Porque caminan por la calle con la cabeza alzada, con los hombros hacia atrás y no responden a tu mirada cuando te fijas en ellas como un maníaco. Porque pasan con un valor inesperado por encima de todas las servidumbres que les imponen sus anatomías delicadas. Porque en la cama son atrevidas e inventivas para mostrarte lo mucho que te aman. Porque se hacen cargo de todas las tareas pequeñas y aburridas de la casa sin quejarse, sin presumir y sin pedir que se les dé las gracias. Porque no leen revistas porno ni navegan por sitios porno. Porque llevan todo tipo de zarandajas que hacen juego con sus ropas según reglas incomprensibles. Porque se dibujan y se pintan las caras con la atención concentrada de un artista inspirado. Porque tienen la obsesión por la delgadez de Giacometti. Porque descienden de las niñas. Porque se pintan las uñas de los pies. Porque juegan al ajedrez, al whist o ping-pong sin interesarles quién gana. Porque conducen con prudencia coches que se parecen a caramelos, esperando que las admires cuando cruzas por el paso de cebra. Porque tienen una forma de arreglar los problemas que no eres capaz de comprender. Porque tienen una manera de pensar que te saca de quicio. Porque te dicen te quiero cuando menos te quieren, como una especie de compensación. Porque tienen de vez en cuando pequeñas dolencias: un dolor reumático, un estreñimiento, un callo, y entonces te das cuenta de repente que las mujeres son personas, igual que tú. Porque escriben ya sea de modo sumamente delicado, coleccionando pequeñas observaciones y esbozando sutiles matices psicológicos, ya sea de forma brutal y escatológica, no fuera a ser que sospecharan que hacen literatura femenina. Porque son lectoras extraordinarias para las que se escribe tres cuartas partes de la poesía del mundo. Porque Angie de los Rolling Stones las vuelve locas. Porque las enloquece Cohen. Porque llevan una guerra total e inexplicable contra las cucarachas. Porque hasta la más dura business woman lleva braguitas con florecitas y encajes enternecedores. Porque resulta tan raro tender en el balcón las braguitas de tu chica, unas cositas húmedas, negras, rojas y blancas, en parte satinadas, en parte ásperas, y te asombra la diminuta superficie que tienen que cubrir. Porque en las películas nunca se duchan antes de hacer el amor, pero únicamente en las películas. Porque nunca llegas a un acuerdo con ellas con respecto a la belleza de otra mujer o de otro hombre. Porque se toman la vida en serio, porque parecen creer de verdad en la realidad. Porque verdaderamente les interesa quién sale con quién entre las estrellas de la televisión. Porque siempre se acuerdan de los nombres de las actrices y de los actores de las películas, incluso los de los más oscuros. Porque nunca piensan en cómo ligarse al tipo simpático que ven en el autobús. Porque beben porquerías como Martini Orange, Gin Tonic o Vanilla Coke. Porque sólo se ponen la mano en el culo en los anuncios. Porque son rubias, morenas, pelirrojas, dulces, calientes, cálidas, graciosas. Porque el momento más hermoso del día es el café de por la mañana, una hora entera royendo galletitas y poniendo verde a todo el mundo. Porque son mujeres, porque no son hombres, ni otra cosa. Porque de ellas hemos salido y a ellas regresamos, y nuestra mente orbita como un planeta pesado, una y otra vez, a su alrededor. (Mircea Cartarescu)
(Y a mi me encanta que haya tantas que prefieren al cultura al fútbol)
:)
MrA -
Llego muy tarde? Tu texto me ha parecido muy interesante. Menuda histoira tan turbia! A mí, por suerte y por desgracia, me gustan y atraen las historias turbias, será que soy Piscis... no lo sé. Jejeje.
Está claro que esta gente/gentuza se cruza en nuestra vida para espabilarnos, para hacernos más fuertes, ya que ante la adversidad, uno se crece si quiere recuperar la salud que tenía antes de que te la robaran, en este caso tu querida ex.
Sabes? Yo creo que toda la humanidad, no solo las mujeres, están zumbados. Educación y estímulos agresivos e inapropiados, que impiden fluir con normalidad.
Y las que peor habéis fluido pro la historia sois sin duda las mujeres. Siempre habéis estado aplastadas por los hombres, y muchas veces vosotras mismas os habéis automutilado en cooperación silenciosa con estos hombres machistas.
Las cosas van cambiando aunque el residuo de épocas pretéritas es alarmante. La mayoría estáis empezando a despertar y os es difícil ordenaros por dentro (los hombres también estamos despertando, pero para nosotros no es tan difícil ya que hemos sido un poco más libres que vosotras).
Dentro de vosotras, pienso yo, choca fuertemente las ganas de ser libres (en el sentido espiritual de la palabra) y lo que se supone que debéis hacer. Tenéis muchas censuras en la cabeza que os crean inseguridad, no creéis en vosotras mismas, porque siempre se os ha dicho que valíais para poco más que para amamantar niños y cocinar. Por eso tenéis un miedo terrible de efectivamente, no servir para nada. Por eso las mujeres muchas veces están entusiasmadas en emprender algo, pero en seguida se retraen con sus "típicos cambios de humor femeninos", porque de repente, dejan de creer en sí mismas, en su buen hacer, y por consiguiente, en su proyecto. Fíjate en claro ejemplo del sexo: una chica se muere de ganas por hacer el amor (si si, que también tenéis ganas, aunque lo ocultéis jajaja), lo hace, se lo está pasando bien pero de repente piensa: Oh dios mío, ¿Que estoy haciendo? Una chica buena no hace estas cosas y yo tengo que ser buena Con su consiguiente sufrimiento y el de su pareja, que no puede fluir con normalidad con ella.
Y las lesbianas... pues tremendo el autorrechazo que pueden llegar a tener. La inseguridad es bestial, y la falta de confianza las hace ser rudas. Una de mis mejores amigas lesbianas, está saliendo de ese berenjenal de autorrechazo, impuesto por el mundo y creído por ella misma (el creer en lo que dicen tus verdugos te hace cooperar con tus verdugos, así que hay que tener cuidado). Y cada vez es más feliz cuando se acepta y persigue lo que quiere y no lo que le dicen que tiene que perseguir (hombres).
A mí me hacen gracia los amigos míos que "adoran a las mujeres, son maravillosas". Lo siento, pero en general no comparto ¿A que se refieren exactamente con maravilloso? ¿A tener coño? Cuando me encuentre con una chica feliz, entonces me enamoraré locamente de ella. Hasta entonces, solo veo gente insegura cuya infelicidad destruye la felicidad de uno, (incluidos muchos hombres claro)
Así que desde aquí, mis ánimos para que encontréis el equilibrio y la felicidad. Y mucho animo para ti, que tienes pinta de ser muy inteligente. Confía en ti! Un besazo.