Kill Bill? Nooo! Cómo no matar a mi novia: el segundo post de una crisis
A propósito del día internacional de la NO violencia contra la mujer

Mi padre tiene un moratón en un dedo de la mano izquierda. Creo que tiene ese golpe desde siempre o al menos eso recuerdo. Vamos, que desde chiquita siempre se lo he visto. Una vez le pregunté cómo se lo había hecho y me dijo, de forma muy escueta, que estaba intentando clavar algo; y de pronto, sus ojos miraron alguna cosa en alguna parte que probablemente no existía, como perdiendo la mirada y sin querer dejó escapar un “hay” y un suspiro.
Anoche, después de una larga pelea con mi novia, llegué a casa como una fiera y con ganas de estrangularla pero gracias Dios, ella aún no había llegado. Ahora que lo recuerdo hasta me parece divertido. Vienen a mi mente, de pronto, las típicas imágenes de Homer Simpsons intentando matar a Bart (Ja ja ja – risita irónica-)
El punto es, que a veces ella sobrepasa todos los límites de mi paciencia y yo, que no me caracterizo por tener la entereza ni el estoicismo de nuestro señor Jesucristo, debo confesar que por segundos me siento poseída por Satanás y que sería capaz de engrosar las estadísticas de violencia de genero. Hablando en cristiano, como diría mi abuelita, que a veces tengo ganas de matarla!!!
Entré en casa transformada en la versión fashion de la novia del demonio de tasmania y como mi novia no estaba me puse peor. Creo que pasé de ser aquel marsupial endemoniado a ser Hulk. No sabía si quemar su ropa, si tirarle las maletas por la ventana o poner mil cerrojos y candados a la puerta de casa y que no pueda entrar a dormir.
Di tantas vueltas entre el salón y la habitación que casi abro un surco en el suelo. Hasta que encontré el mejor remedio para desfogar mi ira: una estantería del Ikea que pedía a gritos ser armada. Así que cogí un martillo y no me importó que los vecinos vengan a tocarme la puerta por todo el escándalo que estaba montando. Vamos, que le di tan fuerte al martillo que Thor a mi lado se hubiera quedado chiquito.
Por un momento mis manos iban solas, golpeando y golpeando, mientras en mi cabeza revoloteaban como abejas reinas toda clase de oscuros pensamientos. ¿Qué iba a hacer ahora? Había dejado todas mis fuerzas en esta relación y me sentía frustrada porque mi novia no me comprendía. Me dejé un riñón y parte del otro en la mudanza, en comprar muebles y cosas para la casa así que no podía irme, pero tampoco podía decirle a ella que se fuera. Esta casa es de las dos y en el fondo, a pesar de todo, yo la quería, o la quiero. Ya no sé qué es lo que siento. Sólo sé que si la tuviera ahora mismo le estampaba un bofetón por ser una treintañera atrapada en la mente de una adolescente despreocupada por la vida.
Y de pronto… AAAAYYYYY!!! Me dí el golpe más grande de la historia de las mujeres desesperadas y rabiosas. Joder! En el mismo sitio en el que mi padre tenia el moratón. Por unos segundos me sentí mareada, me senté en el sofá y no sabia si iba a desmayarme del dolor o era que tenia una revelación. De pronto, todo estuvo tan claro. ¿Y si mi padre se golpeó el dedo en un arranque de irá por desfogar sus instintos asesinos?, ¿y si todos los que tienen ganas de golpear a alguien se golpearan a si mismos y para entender cómo carajo duele?
Me sentí miserable, sola, triste y abandonada. Y antes de empezar a echar de menos a mi novia recordé que yo tenía sus llaves de la casa y que ella no podría entrar. Pensé que quizá ella estaba también sola, pensando en mí, muerta de frío… la llamé al móvil y resulta que estaba en casa de sus padres. Me la imaginé cenando calentita al fuego de una chimenea mientras yo estaba aquí con el dedo a punto de explotar.
Mi novia regresó a casa y cuando vio la estantería armada supo que ya lo peor había pasado. Hablamos sobre todas esas pequeñas cosas que a veces nos hacen perder la cabeza y aunque ella ha prometido tirar la basura y no dejar sus bragas en el baño después de ducharse, sé que quizá alguna vez lo haga, porque nadie es perfecto, yo la primera. Y quien no esté de acuerdo, que tire el primer martillazo!
¿Todas las mujeres están locas?

Todo empezó hace siete años. Estaba yo en mi país querido, al otro lado del charco, intentado descifrar qué coño me pasaba con las mujeres. Venía de un par de decepciones, mejor dicho, tenía el corazón hecho pedazos. Habían pasado algunos veranos y la que fue mi primera novia, cuando yo tenía 18 añitos, no me había olvidado. Dicho en otras palabras, mi ex me estaba atormentando y no me dejaba ni respirar.
La conocí por unas amigas y fue como una revelación: a esta chica le gustan las mujeres. Fue lo primero que pensé al verla llegar con sus jeans a la cadera y una gorra negra que le cubría la mirada pícara sobre sus ojos negros. Al principio todo fue lindo, dulce, tierno. Ya saben, era la primera vez que yo estaba con una chica, la primera vez que besaba unos labios del sexo femenino (exceptuando los juegos de muñecas con una prima a los cinco años), la primera vez que sentía mariposas revoloteando por mi estómago de adolescente torpe cuando sujetaba su mano.
Hasta que conocí a su ex -y vi la vida con dolor- y derepente comprendí que yo sólo era un pretexto con en el que ella se entretenía cuando su novia oficial –la firme- se iba de petardeo con hombres. Poco a poco descubrí sus cambios repentinos de humor, sus crisis porque la firme la había plantado, su obsesión por controlarme y sus estúpidos celos conmigo. Encima la tía tenía mucha jeta porque yo no era más que la trampa, la imbécil que aguantaba sus depresiones y que la consolaba, ¿y para qué?, si después ella se iba con su novia y yo me quedaba en casa deshojando margaritas.
No hay nada peor que una mujer celosa, despechada y que se quiere comer una parte del pastel, guardar otra parte en la nevera para tenerlo siempre disponible. Vamos, lo que todas conocemos como el famoso perro del hortelano, sólo que esta era una perra latina con una ostra más grande que el camp nou. Yo debía estar siempre available for her, pero ella en cambio, pocas veces lo estaba para mí.
Era un sin vivir. Cuando descubrí que yo sólo era su pañuelo de mocos decidí armarme de valor de dejar esa relación que sólo me comportaba dolor y soledad. Ella reaccionó iracunda, traicionada (¿?) e intentó en vano que me retractara con toda clase de improperios y amenazas: voy a decirle a tus papás que te gustan las mujeres, voy a ir a la universidad donde estudias y todos se van a enterar que tú estabas conmigo, seguido de los clásicos: si tú me dejas me voy a matar, te vas a arrepentir de todo lo que me estás haciendo.
No voy a negar que estaba acojonada. No dormía, no salía de casa ni a la esquina a comprar una coca cola, dejé de ir a clases por miedo a encontrármela en la puerta de mi facultad, perdí por completo el apetito y hasta bajé cuatro kilos (creo que ese fue el único punto positivo que he rescatado con el paso de los años). Estaba tan asustada, no por el tono de sus amenazas, sino por miedo a que llegara a cumplirlas. Y lo hizo. Un sábado noche estaba en una disco y ella al verme con un amigo hablando se me acercó y dijo fuerte y claro: ¿ahora sales con hombres? Quise matarla pero solo opté por irme con el hígado en la mano y botando espuma por la boca.
Una tarde fue a casa y mi papá le abrió la puerta, cuando nos quedamos solas le dije que me estaba arruinando la vida. Recuerden que yo aun no había salido del closet y que era una mocosa inexperta. Ella intentó darme una ostia, me armé de valor y me defendí. Se fue sin darme más explicaciones.
Recuerdo esas escenas oscuras de mi pasado y me asaltan las dudas de si las mujeres están locas. Muchos años después, las malas experiencias confirman mis pensamientos juveniles. No todas las mujeres están locas (yo soy una mujer y no estoy loca, de momento) pero la gran mayoría de lesbianas presentan ciertos desequilibrios emocionales.
¿Alguna de ustedes sabe porqué?
Postdata: canción para recordar a una ex más pesada que una mosca cojonera con un rockero de los ochenta.
El primer post de una crisis

Llevaba unos días en los que ni yo misma me aguantaba. Intentaba buscar pretextos donde no existían para intentar justificarme ante los demás por mi mal humor, por mi falta de energía, mi pasotismo y mis constantes resentimientos contra el mundo.
Se podría decir que estaba atravesando una crisis filosófico – existencial, de esas que nos atacan a las mujeres cuando se juntan, en un mismo mes del año, nuestro cumpleaños –el último de la etapa veinteañera-, el ciclo menstrual más largo del mundo y la incompatibilidad sexual – amorosa (entiéndase como buen sexo y poco amor y/o viceversa).
Si soy sincera, puede que haya sido un cúmulo de situaciones y acontecimientos los que desencadenaron en esta crisis. Si, una vez más, vamos a hablar de crisis. Cada mañana en los diarios, en la televisión y en las noticias vemos como se desploman las bolsas mundiales, como el ibex 35 cruje, como las empresas prescinden de sus empleados. Y todo el mundo se escuda tras la crisis: la gente no viaja por la crisis, las hipotecas están en las nubes por la crisis, seguido de un largo etcétera.
Pero, ¿qué hay de las crisis personales, sentimentales, existenciales?… Vamos a ser sinceras… aquí y en la China siempre hubo crisis, y cada mañana nos levantamos para ir a trabajar, a estudiar o hacer el paripé; pero el mundo sigue su curso, a pesar de la crisis.
Ya me estoy desviando de mi crisis personal. Esta mañana me levanté y sentí que no podía pasar ni un minuto más sin que gritara a los cuatro vientos como carajo me sentía. No sé si es por la polémica del libro de Doña Sofía donde se toca el temita de la homosexualidad y los matrimonios entre personas del mismo sexo, si es porque mis padres me tienen frita con esto de casarme con un hombre de bien (tener hijos y planchar camisas), o porque el ambiente cada vez se me hace más chico y todos los bares me parecen aburridos y repetitivos -con las mismas caras y las mismas canciones- aunque lo más seguro es que esté hasta las narices de la convivencia con mi novia. Y eso que sólo llevamos un mes juntas.
Pero, ¿cómo empezó todo esto?. Y, ¿cómo fue que me mudé con una casi desconocida a los tres meses de verla en un bar?. ¿Será verdad que las mujeres somos demasiado intensas y que vivimos nuestra emociones al límite? Yo creo que soy una tonta -por no decir imbécil- por tropezar siempre con la misma piedra: chica conoce chica, chica siente un flechazo, chica sale con chica, chica se muda con la chica, chica se da cuenta de lo jodida que es la convivencia (y que su novia la babea por las noches), chica empieza a agobiarse de la que chica que pensaba que podría llegar a ser la madre de sus hijitos.
Y no sigo más, por este día, porque mi novia me llama para ver una película (ella no sabe que he empezado un blog). Sólo quería postear antes de que se acabe octubre. Una cábala que no tiene sentido pero que cuando se están a punto de cruzar los treinta ya todo deja de ser descabellado. Empieza mi cuenta atrás.
Postdata: He aquí un vídeo para lentarnos del sofa y comernos el mundo (o el mundillo del ambiente)
http://es.youtube.com/watch?v=6pLjUsBnQv4&feature=related
